En muchas ocasiones tuvimos una visión diferente ante determinadas situaciones, en otras sin embargo, tuve el privilegio de realizar múltiples y delicadas tareas políticas, junto al extraordinario ser humano que existía bajo la piel de quien en vida se llamo Miguel Cocco guerrero. Era muy diferente en el trato personal a la mayoría de los dirigentes del PLD que conocí en esa época, los cuales reaccionaban con recelo ante cualquier persona que no consideraban de su círculo interno, ante mi queja, me decía en tono cariñoso: “Humberto, es que no entiendes que los peledeistas no son fraternos porque no fueron enseñados a hacer política así”. Nunca le pregunte porque entonces él era la excepción.
Discutíamos y nos poníamos de acuerdo en la valoración de los lideres que seguimos durante muchos años; él me enseño a apreciar y admirar el ejercicio ético y moral de la política del profesor Juan Bosch y tuvo que aceptarme que Joaquín Balaguer era una verdadera escuela de poder y juntos en algunas ocasiones o separadas en otras, pudimos vencer el maniqueísmo que todavía es parte de muchos líderes de todos los partidos políticos de la república dominicana, para trabajar, el en posiciones más importantes que yo, dentro del proyecto encabezado por el actual presidente de la república el doctor Leonel Fernández.
Hoy, que el país llora por la pérdida de uno de los hombres más serios y responsables que ha militado en la historia de la política dominicana, recordamos al miguel sonriente, fraterno, solidario, serio, firme y honrado. Y no solamente lloran por su pérdida los que lo conocimos, también lo hacen los cielos, que no dejan de verter sus lagrimas desde que fue anunciada su muerte. Descansa en paz, hermano, amigo, compañero y compatriota. No tengas ninguna duda de que tu ausencia será sentida por todos nosotros. Esperamos ser leales al compromiso político que asumimos contigo, de seguir construyendo un país más libre y más justo, hasta que nos toque el turno de seguir tus pasos al mas allá.

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